¿Qué es lo más bonito que alguien ha hecho por ti?
Vivía sola con mi hijo todavía muy pequeño y un día, mientras trabajaba, sentí un intenso dolor a un costado del abdomen. Me encontraba en una reunión de trabajo en otra ciudad, distante al lugar donde yo vivía. No recuerdo quiénes estaban conmigo, pero lograron trasladarme y de inmediato me llevaron con un médico, quien calmó el dolor lo suficiente para poder entender lo que estaba sucediendo.
Yo solo quería llegar a mi hijo. Fui programada para una intervención de emergencia y sin más ni más, tuve que aceptarlo. Supe que no podía evitarlo pero, y mi hijo?, me preguntaba qué pasaría con mi hijo.
Al día siguiente me intervinieron y un día después fui dada de alta. Mi situación era algo complicada, no dejaba de pensar en mi hijo. Los médicos me indicaron una inhabilitación para recuperación post cirugía de cuarenta días. Yo simplemente no lo concebía. El problema era que yo no podía moverme en absoluto, necesitaría ayuda para mí y para atender a mi hijo. Hasta entonces yo desconocía las implicaciones de una cirugía mayor como la que me hicieron. Alguien me dijo que el día de la intervención muchas personas conocidas por mi trabajo estuvieron en el hospital a la espera del reporte médico, pero yo no las vi. No obstante, les agradecí posteriormente por su gentileza y preocupación.
Particularmente pregunté por el único que yo consideraba un amigo, pero ese amigo no acudió.
Ya en casa sola y con mi hijo, me sentía muy preocupada y asustada, al mínimo movimiento sentía un fuerte dolor, y al hacer esfuerzos para caminar o sentarme la herida se ponía en riesgo. Recuerdo haberme quedado dormida un rato, y al despertar, no lograba distinguir si me encontraba en el mundo real o continuaba en el espacio onírico, pues junto a mi cama se encontraba mi único amigo. Cuando me saludó comprendí que ya no estaba soñando y de inmediato le pregunté a manera de reproche el porqué no había ido al hospital, y entonces él me respondió y sus palabras nunca las olvidaré, él dijo:
Sé que esperabas verme en el hospital, pero creo que ahí no me necesitabas. Es ahora cuando puedo hacer algo por ti, así que aquí me quedaré hasta que puedas valerte por ti misma.
Y así fue, definitivamente ha sido de las cosas más bonitas que alguien ha hecho por mí.
Con esta experiencia aprendí tanto sobre la esencia y el valor de la amistad.
Reflexionando sobre lo ocurrido, mi amigo tenía razón, él llegó cuando más lo necesitaba, no cuando más lo esperaba y creo que en la vida las cosas que esperamos no siempre son las que necesitamos y mi amigo sí lo sabía. De hecho, ninguna de las personas que acudieron al hospital volvió jamás a visitarme.


Deja un comentario me gustaría conocer tu opinión