Evitare l’amarezza

Qual è il tuo consiglio numero uno per avere successo nella vita?

Il mío consiglio, è fare tutto ciò che fai, con gioia, Senza amarezza, pensando sempre al perché lo fai con la possibilità di cambiare, se quello che fai non ti piace. Sei l’unico responsabile di quello che fai.

Llegar a La universidad

Edificio de Rectoría

Nunca imaginé que gran parte de mi vida profesional, ejercería la docencia, lo cierto es que a los 17 años de edad, inicié esta noble labor y no obstante mi corta edad considero que lo hice con gusto y pleno compromiso, fui instructora de educación artística primero como prácticas profesionales o servicio social y después fue un trabajo formal, del que debía solventar mis estudios de psicología.

Muy pronto, descubrí mi pasión por la psicología y supe cuál sería mi camino a seguir profesionalmente.

El arte ya era parte de mi vida, incluso mientras cursaba mis estudios de pedagogía de arte me ofrecieron la oportunidad de cursar estudios profesionales de danza contemporánea en Bélgica. Se trataba de una beca muy solvente y admito que me encontré ante la toma de una decisión de esas que marcan nuestras vidas.

Particularmente al concluir mis estudios en CEDART, fueron muchas las decisiones cruciales que tomé y que hoy, a distancia de casi 50 años, retengo con claridad las implicaciones que de cada una tuve que asumir.

La muy peculiar circunstancia en que por vez primera conocí la psicología como alternativa de elección profesional, prefiero abordarla en otro tratado.

Hasta aquí, lo más importante es señalar que mi decisión de estudiar psicología, ya se había tomado, es decir, me dedicaría a la psicología profesionalmente y la danza, y el teatro, serían mis hobbies.

Una vez concluida la licenciatura, los primeros pasos en mi trayectoria profesional, me llevaron nuevamente a la docencia, comencé a nivel de bachillerato ya viviendo en Mexicali, B.C., esta labor la desempeñé en el plantel Guadalupe Victoria del Colegio de Bachilleres de Baja California, donde fungí además como orientadora escolar y vocacional, en lo que se conoce como el Valle de Mexicali, la zona rural de la región.

Para 1987 ya había intentado trabajar en la universidad, pero al ser pasante de la carrera, tuve que esperar a obtener mi título.

Precisamente ese año, un compañero profesor de matemáticas (Daniel V.) me propuso acudir de nuevo, pero directamente a la entonces Escuela de Ciencias humanas y un buen día me acompañó dándome ánimo para volver a solicitar trabajo.

Facultad de Ciencias Humanas

Para sorpresa de ambos, ese mismo día me asignaron una materia para impartir en la Licenciatura de Ciencias de la educación, la asignatura de Teorías del aprendizaje.

Un año después me integré a la planta docente de tiempo completo en Psicología.

Hoy, considero de gran valor la oportunidad de adquirir experiencia frente a grupos, Desde 1984, impartí asignaturas, cursos y talleres dirigidos a estudiantes de licenciatura y posgrado y al personal docente, directivo y administrativo en distintos programas de la Universidad.

40 Años ejerciendo, sino también el ejercicio docente de muchos profesores universitarios, de todas las unidades académicas, escuelas y facultades, institutos de investigación de todos los municipios del estado de Baja California,

Visita Experiencia docente

Conoce mi productividad

Paura di vivere

Qual è un libro, un film o una serie TV che vorresti poter rivivere come se fosse la prima volta?

Un libro che ho letto per prima volta nel anno 1981, ero studente di Psicologia e ho dovuto fare esame orale sull’autore e la sua opera.

Paura di vivere (1980) Alexander Lowen. L’autore indaga la maniera come l’uomo nasconde tutte le emozione che prova, cerca di controllare ed evitare sentire. Non si permette essere vulnerabile alla sofferenza.

Lowen, pensa che il dolore represso genera tensioni che non permettono di essere felice, e se manifestano nel corpo.

Secondo l’autore, noi ci rifiutiamo di essere e per non farlo, dobbiamo fare di più, si privilegia “fare versus essere

Questo libro mi ha segnata fortemente, pensavo che se io volevo essere psicologa, dovevo sapere come io stessa evito sentire oppure essere.

Questo è una opera un po’ complessa, perciò, vorrei leggère un’altra volta ma come se fosse la prima volta, così lo farò libera di pregiudizi.

Maria Teresa

Volver al Valle

Colegio de Bachilleres de Baja California, plantel Guadalupe Victoria, Valle de Mexicali, B. C. 1984-1988 

A principios de febrero del 1984, firmé mi contrato laboral, como Orientadora Escolar (Psicóloga Educativa), en un plantel del colegio de Bachilleres de la zona rural en el Valle de Mexicali, B. C.

Valle de Mexicali

Desde su fundación el plantel Guadalupe Victoria del Valle de Mexicali ha formado a más de 16 mil jóvenes en 57 generaciones.

Este plantel del Colegio de Bachilleres se fundó el 20 de octubre de 1963, por iniciativa de un grupo de jóvenes egresados de secundaria interesados en continuar con su educación media superior. Motivados por el hecho de que el traslado a la ciudad de Mexicali resultaba muy complicado, fueron asesorados por docentes que finalmente lograron la creación de la preparatoria, misma que recibió el nombre de la localidad donde se fundó. 

Esta preparatoria se constituyó perteneciente a la Universidad Autónoma del Estado de Baja California y se instituyó como la primera preparatoria rural en Latinoamérica. En 1984, el COBACH ya se había independizado de la UABC, yo inicié mis funciones como Psicóloga con alumnos de la primera generación del Cobach.

Instalaciones rurales.

Yo con apenas 23 años 

Mi labor como orientadora escolar en el Cobach, significó muchos retos y aprendizajes para mí, fue la primera vez que trabajaba con jóvenes adolescentes, lo cual por defecto, no fue sencillo, se trtaba de chicos inquietos y yo les impartía clases de orientación, con temáticas relacionadas con aspectos motivacionales, hábitos de estudio, administración del tiempo, relaciones humanas, orientación vocacional, parte de mis funciones también consistían en atender a todo estudiante con dificultades para estudiar y/o aprender y con problemas personales, familiares, etc., que incidían en su rendimiento académico; entre otras funciones, me coordinaba con los profesores que identificaban y canaliazaban a orientación, a aquellos estudiantes que a su criterio resultaban problemáticos. Y por suspuesto atendía a las necesidades que las autoridades me asignaban relacionadas con la disciplina en coordinación con prefectura.

Fundamentalmente fue una etapa de mi trayectoria profesional muy enriquecedora, de grandes aprendizajes, conocí gente extraordinaria y probé adversidades debido a la distancia entre Mexicali y el poblado “43”, el traslado durante 4 años fue algo complicado en los autobuses de ruta por el valle de Mexicali, tanto en tiempos muy fríos como aquellos de extremadas temperaturas en verano que invariablemente me fatigaban durante los recorridos.

Como olvidar las ocasiones en que no alcanzaba a llegar a la parada de autobús a tiempo y tenía que esperar una hora más, obviamente con sus consecuencias.

Y para colmo, cuando al regreso a casa, por fin entrábamos a Mexicali, al primer semáforo, se nos atravesaba el tren, insólita la manera tan precisa en que coincidíamos con el paso del tren burro, ese que va lento, muy lento porque se trata del tren de carga. Era muy largo, fácil contábamos los cien vagones, y hay que agregar sus maniobras hacia adelante y hacia atrás, para cambiar de vías. Pueden imaginar los 47º C. de temperatura, sin aire acondicionado y con mucha hambre.

Y que hay de aquellas tantas veces que me quedé dormida en el trayecto y terminaba en el ejido Venustiano Carranza, km. 57, hasta donde llegaba el camión, entonces alarmada tenía que conseguir ayuda para regresar al Km. 43 a tiempo para firmar mi entrada. Hubo ocasiones en que en una patrulla, me regresaban muy gentilmente los policías, y mis alumnos me veían llegar en esas condiciones.

Más allá de mis funciones como psicóloga, por iniciativa propia decidí dedicar tiempo extra para conformar el primer grupo de danza folclórica del Plantel Guadalupe Victoria del Cobach, lo cual fue muy satisfactorio, pues tuve oportunidad de retomar mi formación como instructora de Arte, y contribuir sensibilizando a los jóvenes a romper con tabús, mitos y resistencias para guiarlos en el maravilloso mundo del arte sin prejuicios hacia la danza. 

Dirigir y enseñar a este grupo de jóvenes el arte folclórico nos permitió presentar oficialmente al grupo de danza folclórica de Plantel Guadalupe Victoria del Cobach en las tradicionales y populares fiestas del Sol, en Mexicali, B, C. 

Hoy a distancia de más de 40 años desde el aquel dia 7 de febrero de 1984, la preparatoria se ha desarrollado sustancialmente y los recuerdos de mi labor en aquellos años conviviendo con jóvenes bachilleres, los atesoro profesional y personalmente. 

Instalaciones del Plantel

Aprendizaje

Aquí comprendí a cabalidad, mi función como Psicóloga en el ámbito educativo, ocupando el puesto de orientadora escolar y vocacional, un ámbito muy concurrido en aquella época por profesionales de otras disciplinas tales como educación o pedagogía, quienes llegaron a ocupar esos cargos debido a que , por aquel entonces, no había psicólogos en la región.

A esto le sumamos el nivel de desconocimiento y desconfianza que se tenía hacia la psicología y los psicólogos en general, lo cual reprentó un reto más, el hacer valer a nuestra profesión hasta ocupar un sitio digno y de respeto.

Quiero terminar este relato, declarando una particular situación que experimenté en vía directa, a causa de la condición de ser mujer. Se trata de algo que nunca expresé ni reclamé con Intención de evitar ulteriores conflictos, pero hoy a distancia de 42 años considero que vale la pena comentarlo.

El traslado al Valle de Mexicali, puede ser una divertida odisea, pero cuando de por medio, te enfrentas a descuentos del sueldo y reprimendas por llegar tarde, la tensión no te permite ver la situación tan divertida Y cuando al regreso, el cansancio, la hambre y el calor también te agobian, lo que menos vas a disfrutar son las acciones con burla por parte de algunos compañeros profesores, que gozaban del privilegio de trasladarse en auto en una condición definitivamente más cómoda.

Solía suceder que en tanto yo esperaba el camión, en plena carretera, mis compañeros unos cuatro, pasaban junto a mí, ya rumbo a Mexicali e incluso se detenían y me preguntaban si quería un raite, seguro mi cara se transformaba reflejando dicha por tan gentil gesto, para luego escuchar decir: es broma psicóloga, no podemos llevarla y arrancar su auto.

Nunca comprendí los motivos que tuvieron para hacer algo así, definitivamente para mí, fue reflejo de inmadurez y de actitudes machistas, más aún cuando me enteré de que yo tenía posibilidades de trasladarme con ellos, porque recibieron todas las semanas mis vales de gasolina, prestación a la que igual que ellos, yo tenía derecho.

Con todo y las condiciones adversas, trabajar en el Cobach fue una de tantas experiencias positivas que viví durante mi trayectoria profesional.

Además, debo decir que fue ahí, en mi oficina en ese plantel del Cobach Guadalupe Victoria, que insólitamente me encontró quien 25 años después se convirtió en mi compañero de vida.

Algo más sobre mi

Qual è la tua stagione preferita? Perché?

La mia stagione preferita è l’autunno, innanzitutto perché non fa tanto caldo ne tanto freddo poi, a me pare che l’autunno è bello, i colori del cielo, i suoni della natura per esempio: le foglie degli alberi con i suoi colori ed i suoi suoni, tutti, sono bellissimi

La nostalgia ha il colore dell’autunno. Una storia d’amore ancora ha il colore della nostalgia, ed l’autunno Senza dubbio è il colore dell’amore.

La gracia de un meme

Qual è il tuo meme preferito?

Uno in cui si riferiscono alle conversazioni su WhatsApp di un gruppo di madri di bambini scolari, è una piacevole satira di ciò che fanno le madri a partire da una richiesta fatta da un insegnante di gruppo in cui chiede ai bambini di fare i compiti del loro albero genealogico. È divertente perché rappresenta molto bene ciò che accade spesso in molti gruppi di chat. Non possiamo fare a meno di sentirci identificati con la situazione.

Imparare

Se potessi imparare all’istante qualsiasi abilità, quale sceglieresti e perché?

Mi piacerebbe imparare a pattinare, dopo di che, quando ero piccola, la mia nonna mi diceva di non farlo. Secondo lei, una donna non deve fare alcune cose.

La Tormenta antes de la calma

En enero de 1984, viví una etapa muy difícil, sin trabajo. Considero que esta experiencia amerita ser documentada, porque significó un periodo gris, pero muy edificante, porque aprendí lo que significa verdaderamente ser independiente y responsable de la propia vida y quizá este aprendizaje sirva a otros que van comenzando la carrera más importante; la de forjarse la clase de vida que quieren tener.

Renté un pequeño departamento en el centro de la ciudad, y administré mi capital, para poder pagar la renta hasta finales del mes de enero de 1984, pero cubría la renta de febrero, no contaba con nada más, lo que seguiría de mi vida en Mexicali, dependía de que yo pudiera encontrar trabajo.

Cuando digo que no tenía nada más, me refiero literalmente al hecho de no contar con nada más; no tenía dinero para comer, para transportarme, para comprar solicitudes de trabajo, para sacar copia de mis documentos y de mi precario currículum profesional; no tenía a nadie que me diera contención, no había más, papá ni mamá que me cobijaran, ellos estaban siguiendo sus vidas y responsabilidades en Guadalajara y mis hermanos seguían allá con ellos forjando también sus propios caminos.

Ya no vivía con la familia del Ejido Delta que tan gentilmente me recibió en septiembre de 1983, no tenía opciones para trabajar y la alternativa de matrimonio que tuve en agosto en Guadalajara, esa tampoco era mi opción.

Yo había elegido forjarme un camino que me permitiera ejercer mi profesión y ser independiente pero sobre todo mi prioridad era convertirme en una persona autosuficiente capaz de cubrir mis necesidades básicas y de llegar a ser una psicóloga confiable y muy profesional. Yo ya había hecho una elección.

Mi elección significó el comienzo de un largo y arduo camino que debía andar sola, y para ello necesitaba conseguir un trabajo y aprender a conciliarme con la soledad.

Con apenas 23 años y gracias a las enseñanzas de mis padres de luchar por lo que se quiere en la vida, descubrí que en Mexicali, no se conocían las funciones de un psicólogo en los diversos ámbitos. No hubo un solo día que yo no emprendiera una acción para encontrar trabajo. Entonces se contaba principalmente con la sección de clasificados de los periódicos y jamás encontré una sola vacante para psicólogos.

Caminaba todos los días recorriendo bancos, empresas, instituciones educativas, etc., y tratando de concertar entrevistas.

En Guadalajara, el problema era el alto índice de egresados de cuatro universidades cada seis meses, mientras que en todo el estado de Baja California, sólo había 149 psicólogos y yo fui el número 150, según datos aportados por la Dirección de Registro de profesionistas que era la instancia que emitía las licencias para ejercer una profesión en el Estado.

La mayoría de los 150 psicólogos que en 1984 radicábamos y ejercíamos la psicología en Baja California, habíamos emigrado del centro-sur del país hacia la frontera. Éramos egresados de la UNAM, de la UNIVA Guadalajara, de la Universidad Autónoma de Guadalajara y de la UdeG (Universidad del Estado de Jalisco). La única psicóloga nativa en Mexicali, Baja California, era mi amiga y compañera, Marisela Buenrostro Michel.

No existía la carrera de Psicología, todo lo relacionado con psicología se desconocía al menos en Mexicali en el campo laboral y los puestos que deberíamos ocupar eran plazas otorgadas a profesionales de otras disciplinas tales como: Contabilidad, Administración, Ciencias de la educación, pedagogía y hasta enfermería.

Ante este panorama, nosotros, los 150 psicólogos inmigrantes, teníamos de frente en 1984 el gran desafío de dar a conocer y demostrar los grandes beneficios que la ciencia psicológica representa en cada uno de los campos de acción: clínico, educativo, laboral y social.

Y en mi opinión, deberíamos comenzar por fomentar una cultura de aceptación, reconocimiento y respeto por la psicología.

Respecto al nuevo trabajo que buscaba, tenía en mi contra el ser pasante de la licenciatura en psicología. Estaba haciendo mi tesis para obtener el título y eso en ciertos lugares sería una limitante. Por si fuera poco, me di cuenta de que yo cometía un grave error al dirigirme a las instancias de recursos humanos para ofrecer mis servicios en distintas organizaciones públicas y privadas. Prácticamente me entrevistaban personas que ocupaban el puesto al que yo aspiraba, aunque éstas no fueran profesionales de la psicología, jamás me llamarían siquiera para una entrevista.

Quizá la tormenta en la que sentí encontrarme era peor de lo que yo me imaginaba, pues pasaban los días y sin tener dinero para comer, me di cuenta de que eso era una violenta tempestad.

Me sentí deprimida, me cuestioné si había hecho bien en dejar Guadalajara, si debí aceptar la propuesta de matrimonio y olvidarme de ejercer mi carrera, llegué a sentirme al borde de un abismo.

Yo contaba con estudios técnicos de contabilidad, estaba preparada para desempeñarme como secretaria, auxiliar contable, y también tenía el grado de instructora de arte, lo que significaba que podía trabajar también como profesora de danza, música y teatro, pero las cuestiones artísticas y culturales, en la década de los ochenta, eran muy escasas en la tierra del sol.

Y para rematar, no olvidemos que yo me hice la promesa de no volver a trabajar en otra cosa que no fuera mi profesión.

Dicen los que saben que «el fin justifica los medios», pero yo ya había trabajado en otros ámbitos para pagar mis estudios de psicóloga y ya no estaba dispuesta a hacerlo de nuevo.

Esta es mi parte obstinada, necia y obsesiva; pero siendo indulgente conmigo misma diré que pertenezco a la clase de personas que “Persevera, pues aprendí a luchar convencida de que tarde o temprano “el que persevera alcanza” aunque a veces me pregunto ¿Hasta dónde uno debe ser insistente? ¿Cuál es el límite? Yo estaba pasando hambre, caminaba muchísimo porque no podía pagar un transporte, tenía que asegurar el pago de un mes más de renta y no contaba con alguien que pudiera ayudarme, y así me mantuve aferrada a la condición que yo sola me impuse.

Admito que estuve a punto de abandonar la batalla, había agotado todas las alternativas a las que en mi situación podía aspirar; pero de esta fase de tempestad que viví, rescaté en particular algunos hechos:

  • Una bondadosa mujer me enseñó y me permitió ayudarle a hacer tamales a cambio de que podía cenar con ella.
  • Realicé unas descripciones acerca de las funciones del psicólogo en los diversos ámbitos laborales, que entregué adjunto a mi currículum para dar a conocer todo lo que podía hacer un profesional de la psicología en los distintos campos laborales.
  • Era el mes de enero del año 1984 y me programaron una cita para el mes de mayo con el director general del departamento académico del Colegio de Bachilleres, así que decidí ir a su oficina todos los días a muy temprana hora para que al llegar a su trabajo me viera. Yo pensaba que de esa forma se grabaría mi cara en su memoria y el día de mi entrevista -en mayo- me identificaría y así entendería que obtener la oportunidad de trabajar era muy importante para mí. Esta ocurrencia aún me hace reír, puesto que caminaba bastante todos los días para llegar a su oficina, permanecía sentada ahí junto a su puerta solo para saludarlo.
  • Se llegó el mes de febrero y yo seguía en la misma situación. Comencé a pensar seriamente que la decisión de realizar mi tesis en Mexicali no había sido tan atinada, pero cuán cierto es que la vida nos sorprende. La vida no es fácil, a veces tenemos que pasar pruebas muy duras que terminan forjando nuestra entereza y madurez.

Por fin, en medio de la tormenta, un rayo de sol apareció y justamente el 6 de febrero de ese inolvidable 1984 me buscaron del Colegio de Bachilleres para ofrecerme una plaza como Psicóloga Orientadora escolar en un plantel ubicado en el Valle. El plantel está en un ejido a casi una hora de distancia de la ciudad, eso implicaría trasladarme diariamente en autobús a muy temprana hora del día para llegar a las 7:00 de la mañana, que sería la hora de entrada; pero con todo y esa adversidad, yo estaba feliz, por fin había encontrado trabajo y como psicóloga.

Aún ahora me pregunto, cuál de todas mis estrategias me llevó a tan feliz resultado? Pero honestamente eso ya no tenía importancia, yo había sido contratada como psicóloga y ahora tenía que averiguar cómo me trasladaría todos los días de la ciudad al valle.

Con el tiempo me enteré de que el director de ese plantel, el Lic. Miguel Gutiérrez (QPD), me eligió al ver mi fotografía. Él mismo me platicó que al ver mis grandes ojos y saber que provenía de Guadalajara, se hizo a la idea de que yo sería una mujer muy alta e hizo alusión a “los altos de Jalisco”. Buen chasco se llevó, eran los años ochentas, y esos solían ser los criterios de selección de personal. Habría que recorrer mucho camino aún para ver cambios importantes en el ámbito del reclutamiento y la selección de personal y sobre todo de las funciones del psicólogo en ese campo de acción. ¿A distancia de 40 años, las cosas cambiaron?

Vale mencionar que fui contratada para trabajar muy cerca del ejido a donde llegué a vivir, justo de donde viajaba del valle a la ciudad para trabajar durante mis primeros tres meses viviendo en la tierra cachanilla, así que primero viajaba del valle a Mexicali, y después de Mexicali al valle, era la ironía de la vida que yo apenas estaba descubriendo, pero hoy estoy convencida de que fue lo mejor para mí en ese momento de mi vida.

Ingresar al Cobach, sentó las bases para después de cuatro años, comenzar a trabajar en la universidad.

Quiero cerrar este relato mencionando los nombres de algunos de los 150 psicólogos pioneros que hasta el 1984 habíamos migrado hacia Baja California:

Jesús Galas Fontes, Fernando Cerón Esquivel, Arturo Cardona, Marco Antonio Vargas, Hilda Zazueta, Clementina Sánchez Esperanza Viloria, Graciela Cordero, Dolores Vázquez Elliot, Ernesto Álvarez Teresa Ana Dueñas Olmeda, Rocio Estrada y su servidora, conocida como: Maritere Bermúdez Ferreiro.

48 Aniversario CEDART

13 octubre 1976~2024

Orgullosamente soy egresada de la Primera generación del Centro de Educación Artística (CEDART), en Guadalajara, Jalisco. Clase 1976~1979

Cursé el Bachillerato de Arte y la especialidad en Danza Folclórica y Contemporánea, han pasado 47 años desde que un grupo de jóvenes iniciamos juntos un camino desconocido y muy peculiar, pues fuimos parte del la primera iniciativa formal por impulsar la educación artística como parte de una real formación integral. Fue grandioso incursionar en el mundo del arte: danza, teatro música y artes plásticas, al tiempo que cursabamos nuestra educación media superior. Hoy en el 47 aniversario de la fundación del CEDART, quiero felicitar a todos mis compañeros con especial aprecio, por el sin fin de experiencias compartidas y agradecer a Dios, que hoy formen parte de la historia de mi vida.

Mi gratitud va también para todos nuestros profesores, quienes en su momento no sólo forjaban su propia trayectoria profesional artistica, sino también sus propias vidas, al tiempo que nos forman a nosotros.

Tiempo de Oscuridad

Enero de 1984, un mes muy difícil para mí, en Mexicali Baja California, el primer invierno que viví en esta tierra cachanilla donde el clima es extremo, y sin estar preparada para afrontarlo. Todo era desconocido o nuevo para mí, Me encontraba en una zona desértica. Ya había superado el primer cruel verano y no tenía idea de lo que era vivir tan bajas temperaturas.

Terminó mi contrato laboral interino, con lo cual ya no contaba con trabajo y había administrado mi misera economía, para lograr pagar la renta del pequeñisimo departamento que rentaba en el centro de la ciudad.

Debo confesar que pensé mucho en si debía compartir esta experiencia en mi blog, porque se trata de algo muy personal, pero al final he concluido que puede servir de incentivo para quienes lleguen a leerla tengan presente, que vale la pena luchar por nuestros anhelos, al menos desde mi perspectiva vale la pena no darse por vencido, probarnos a nosotros mismos, descubrir que tan claros tenemos nuestros propósitos de vida, experimentar la cara oscura de la existencia, sentir cuando todo parece estar en contra y no fluir, escuchar esa voz interna que nos dice, «ya no hay más que puedas hacer», «no era este el camino», «se acabó…», «debes desistir, dar marcha atrás y reconocer que no fuiste capaz de andar por caminos suntuosos aunque algunos te digan que es necesario andarlos, etc.

F. Nietzsche (filósofo, escritor, músico y filólogo alemán, escribió: «Todo lo que no te mata te hace más fuerte» ; es curioso cuanto resulta difícil creer en una sentencia tan alentadora y aterradora a la vez, sobretodo cuando se está pasando por momentos verdaderamente adversos.

Para comprender este pasaje de mi vida, es preciso partir de una promesa que me hice a mi misma cuando terminé mis estudios universitarios. Yo estudié y trabajé para pagar mis estudios de licenciatura en una universidad privada, porque no me resigné a tener que esperar quién sabe cuánto tiempo y qué cosa, para ser admitida en la universidad pública, pues mis estudios previos los realicé en instituciones federales y en en esa época en Jalisco la universidad pública solo permitía el ingreso a quienes hubiesen cursado en Instituciones del estado.

Quizá, pude esperar e intentar, pero no estuve dispuesta a perder tiempo. Evidentemente tuve que tomar decisiones de gran trascendencia para mi futuro; esta experiencia da cuenta de un rasgo de personalidad que me caracteriza, llamado ¨obstinación¨, en el peor de los casos ¨necedad¨ y en el mejor de los resultados, ¨perseverancia¨.Lo cierto es que hoy tengo muy claro que dicho rasgo de mi personalidad, es una arma de doble filo, puesto que, representa en ciertas circunstancias, mi mayor debilidado defecto y en otras, la mejor de mis virtudes (pero esto lo descubrí haciendo camino al andar).

Para lograr obtener mi licenciatura en Psicología, trabajé como instructora de Arte Integral en instituciones educación básica, impartí clases de dibujo, danza y teatro; pero no resultó redituable para pagar mis estudios en una institución privada y tuve que trabajar como auxiliar en contabilidad en una empresa de refracciones disel en Guadalajara. Como dicen que el fin justifica los medios, es claro que a fin de convertirme en psicóloga, el medio fue trabajar principalmente como contadora, lo cual fui capaz de realizar eficientemente, gracias a que mi padre insistió en que yo curasara estudios técnicos en ese ámbito. Pero definitivamente, fue entonces que me prometí que al concluir mi carrera jamás volvería a trabajar en nada que no fuera como Psicóloga.

Gracias a Dios, tuve la oportunidad de llegar a Mexicali y de inmediato contar con un trabajo de psicóloga, pero sólo cubriendo un interinato por ingravidez que concluyó en diciembre de 1983. De ahí que el mes de enero de 1984 anduve un camino oscuro, lleno de incertidumbre, de reflexiones relativas a las decisiones que hasta ese momento de mi vida ya había tomado, no tenía trabajo, no tenía ingresos, no tenía alimentos y no tenía ropa de invierno. Y sobre todo me mantuve obstinada a en no trabajar en nada que no fuera como Psicóloga.

31 Enero de 1984 fue el plazo que tenía para encontrar trabajo, de lo contrario las cosas empeorarían porque entonces ya tampoco tendría como pagar la renta del departamento donde vivía. La idea de regresar a Guadalajara a casa de mis padres me atormentaba, simplemente era para mí, inconcebible.

Entonces, en estas circunstancias decidí que no quedaría por no luchar y hacer todo lo que de mi parte estaba para lograr mis metas. La prioridad fue conseguir un trabajo y aquí viene el desafío que nunca imaginé que enfrentaría.

La ciudad de Mexicali, en 1983 apenas contaba con 80 años de su fundación, mientras hacía un plan a seguir con el fin de conseguir trabajo como psicóloga, recurrí a registrarme ante profesiones para contar con el permiso para ejercer en el estado de Baja California, me fue asignado el número 150 entre el total de psicólogos con autorización oficial para ejercer en todo el estado.

En principio, el saber que a nivel estatal éramos muy pocos psicólogos, me resultó alentador, en comparación con lo que ocurría en Guadalajara en esa época, donde la competencia profesional cada vez aumentaba, pues cuatro universidades egresaban psicólogos cada seis meses en Jalisco.

Con optimismo me preparé con mi curriculum y documentos oficiales, hice varios juegos, enlisté los lugares a visitar para conseguir una entrevista de trabajo, y me ocupé de incluir todos los ámbitos posibles en dónde podría yo ejercer; clínico, educativo y organizacional. Identifiqué empresas e instituciones, las ubiqué geográficamente y comencé la gran hazaña de conseguir trabajo.

Comencé mi recorrido, con 23 años y quizá con la ingenua claridad de que no volvería a trabajar en nada que no fuera de psicóloga. Y obtuve varias entrevistas, en bancos, en empresas, en escuelas de todos los niveles educativos, en el sector salud, en instituciones públicas, etc. Sabía que no sería fácil y que era un camino que habría de andar como tantos otros que buscamos hacer valer nuestros esfuerzos y empeños para prepararnos profesionalmente, así que no dudé en principio, que tarde o temprano encontraría un trabajo como psicóloga; tenía un plazo, el mes de enero; no tenía dinero para trasladarme pero caminaba hasta donde tuviera que hacerlo. Tenía a mi favor que no era verano, pero el frío también es extremo y muy pronto caí enferma, sentía que enfermar era algo que no me podía permitir, fue un invierno duro, el primero que pasé en ese desierto, y caí con bronquitis, contaba con muy pocos conocidos y con demasiado orgullo como para pedir ayuda. Los días pasaban y no conseguía trabajo, el camino se oscurecía cada vez más y me sentía muy sola. La idea de tener que regresar a Guadalajara me atormentaba, sabía que mis padres me recibirían, pero yo había tomado la decisión de independizarme y no volvería sin terminar mi tesis y para ello tenía que resolver mis necesidades básicas y mantenerme económicamente porque el proceso de investigación para realizar la tesis, también implicaba gastos.

En medio de la oscuridad, un día reflexionando con tristez, de pronto descubrí que estaba cometiendo un grave error al solicitar trabajo, sobretodo cuando se trataba de empresas. Puesto que al conseguir una entrevista en recursos humanos, justamente quien me entrevistaba era la persona que ocupaba el puesto al que yo aspiraba.

Fue un tiempo de oscuridad, pero también de mucho aprendizaje;el Mexicali de principios de los ochenta, era un lugar muy incipiente en cuanto al conocimiento de lo que la Ciencia Psicológica podría aportar en los distintos ámbitos de acción. No éramos muchos los psicólogos en ejercicio; no obstante que existía la necesidad de contar con psicólogos, la mayor parte de quienes podrían contratarnos, desconocían lo que podría hacer un psicólogo en cada campo laboral.

En el ámbito organizacional, la función del psicólogo en el área de recursos humanos, la realizaba el gerente, auxiliares administrativos, secretarías, o el responsable principal de dicha área; así por ejemplo: el reclutamiento, la evaluación, la selección y capacitación del personal se llevaba a cabo de manera muy primitiva, y no por profesionales de la psicología. Y los gerentes o dueños de empresas, desconocían por completo las bondades y beneficios que obtendrían de contar entre su personal con un profesional psicólogo.

En el ámbito clínico ya existía una pequeña clínica psicológica privada ubicada en el centro cívico de la ciudad, no era común encontrar consultorios psicológicos, y por supuesto la cultura de la población respecto al recurrir a los servicios de un psicólogo, prevalecía la creencia de que solo era un servicio para personas enfermas mentalmente y no para quien tuviese dificultades emocionales. Vale mencionar que incluso el servicio de atención psiquiátrica pública, existía y aún así permanece sólo para atención de pacientes canalizados al Centro Psiquiátrico de la ciudad cuando presentaban crisis y solo internados en condiciones críticas sólo con el objetivo de estabilizados. Sin embargo, si existían bastantes consultorios privados de psiquiátras y neurólogos, que no respondían a las necesidades de atención psicológicas y de hacerlo, se limitaba a una atención farmacológica.

En el ámbito educativo, en principio, no existía ni una sola institución de educación superior que ofreciera la formación de psicólogos. Por tanto los ciento cincuenta psicólogos que habitamos en Mexicali al inicio de la década de los ochenta, éramos migrantes de otras ciudades del país sobretodo de la capital. Era de esperarse que me resultase tan difícil encontrar un trabajo, pues los pocos puestos para psicólogos ya estaban ocupados y el proceso de abrir plazas para otros psicólogos pintaba bastante desolador.

Cuando yo llegué a Mexicali, recientemente se había separado la educación preparatoria de la Universidad Autónoma de Baja California y se establecieron los Colegios de Bachilleres en todo el estado, en cada uno había un orientador escolar, pero lamentablemente en la mayoría de los casos este cargo no era ocupado por un psicólogo, sino por personas que habían estudiado pedagogía en psicología.

La situación laboral que pudiera ofrecer plazas para psicólogos en el ámbito educativo, presentaba otra complejidad. Existía la carrera impartida por la Universidad Autónoma de baja California (UABC) de Licenciados en pedagogía, y otra carrera de Licenciados en Pedagogía en psicología educativa; y en otra facultad se impartía la carrera de Ciencias de la Educación. Esto representó otro problema más para la contratación de Profesionales Psicólogos y se complicó más cuando tres años después, se inicia la carrera de Licenciatura en Psicología. Definir el ámbito de acción de los egresados de tales licenciaturas, fue motivo de cruentos debates que por muchos años y más aún cuando quienes egresaban se encontraban ante serias dificultades para encontrar plazas laborales. Pero eso es tema que habría de tratarse en un apartado especifico.

Volviendo al asunto del periodo de oscuridad en el que me encontraba, el tiempo límite de un mes para encontrar trabajo, se acortaba a mi parecer, demasiado pronto y entonces decidí escribir en una hoja que coloqué en la pared del espacio de suelo donde yo dormía, (vale decir que no contaba con una cama) dicho letrero, decía: «De mi parte no faltará este día al menos un esfuerzo por encontrar trabajo».

Escribí a mano, una pequeña descripción sobre lo que un psicólogo podría hacer en cada ámbito, sea laboral, clínico o educativo» Integré dicha descripción a mi curriculum y mi solicitud de trabajo. No tenía dinero, no tenía comida, y estaba enferma de un tremenda bronquitis, sin poder ni siquiera comprar medicamentos.

Una Señora muy amable, mamá de una excompañera de la universidad que vivía en Mexicali, hacía tamales para vender durante el invierno y gentilmente me permitió ayudarle un rato a diario untando la masa en las hojas del tamal y a cambio de eso me ofrecía algunos tamales para comer, Bendito sea Dios que me permitió conocer gente muy empática y generosa, personas cálidas que me ayudaron en momentos tan difíciles.

Una de las instancias en las que presenté mi solicitud de empleo y en donde inclusive fui entrevistada por uno de los primeros psicólogos que conocí en Mexicali, fue el Colegio de Bachilleres de Baja California, donde ya existía la figura laboral del «Orientador Escolar» un puesto que sin duda alguna es ideal para un psicólogo de profesión. Después de la entrevista que fue en el mes de enero, yo tendría que presentarme a otra entrevista con el director académico general del Cobach, misma que me fue programada para el mes de mayo, para mí resultaba imposible esperar hasta entonces, necesitaba trabajar para poder pagar la renta del pequeño sitio donde vivía en Mexicali. Así que decidí presentarme todos los días antes de las 9:00 horas, lo cual implicaba irme muy temprano porque lo hacia caminando, para llegar y sentarme en una silla que se encontraba ubicada afuera de la oficina del Director que me entrevistaría en mayo, mi idea quizá ingenua o absurda era quedarme sentada ahí justo por donde el entraría a su oficina todos los días y solo darle el saludo de buenos días, para que él tuviera presente mi rostro, cuando llegara el momento o la oportunidad de entrevistarme.

Lo hice por todos los días que restaron al mes de enero, y el plazo se cumplía y yo no estaba dispuesta a trabajar en nada que no fuera de psicóloga, no buscaría trabajo de secretaria, contadora o en arte, tenía que ejercer mi carrera, yo me había hecho esa promesa a mí misma.

Terminó el mes de enero y nada, aún podía habitar ese lugar durante el mes de febrero, y quizá si encontraba trabajo, podría negociar con el dueño, el pago de la renta, pero mi ánimo ya estaba gastado, experimenté una profunda tristeza. No quería regresar a Guadalajara en esa condición, y además no contaba ni siquiera para un pasaje de regreso.

Hoy mirando en retrospectiva, estoy convencida que ese tiempo de oscuridad en mi vida, me dejó grandes aprendizajes, que gané en madurez, conocí el real estado en el que la psicología se encontraba en la región, gané en resistencia, me fortalecí en perseverancia, reafirmé la confianza en mí misma para guiar mi vida por buenos caminos, conocí a gente muy valiosa, aprendí del dolor, y también de la desesperación.

Terminó el mes de enero y no tenía ni la menor idea de lo que yo haría para poder quedarme en Mexicali, al menos el tiempo suficiente para terminar mi tesis. Nunca hablé con mi familia acerca de esto, yo había tomado la decisión de dejar Guadalajara con tal decisión, también la de valerme por mí misma, no lo hice además, porque no les daría motivos de preocupaciones, y porque quizá dentro de mí jamás murió la esperanza de que algo encontraría; pero también puse en duda mi obstinación, mi proceder tan aferrado, a no trabajar de otra cosa que no fuera mi profesión de psicóloga. Había tanto campo de trabajo en este lugar, como tanto desconocimiento de lo que los psicólogos podríamos aportar. No se disponían plazas para nosotros por ignorancia o falta de recursos financieros para pagar a profesionistas cuando sus necesidades ya las habían resuelto con la asignación de nuestras funciones a personal a quien no tenían que pagarle al nivel de cualificación profesional.

No contaba con teléfono de casa y en esa época no existían los teléfonos celulares pero, “a veces, la vida nos sorprende” y sorpresivamente la tarde del 6 de febrero de 1984 sin ni siquiera entender qué de tanto y de todo lo que había hecho para encontrar trabajo había funcionado pues se presentó a la puerta de mi casa un miembro auxiliar del Colegio de Bachilleres para notificarme que debía presentarme de inmediato en las oficinas respectivas, porque había una plaza que querían ofrecerme.

Eureka!! al parecer esta fase de oscuridad en mi trayectoria profesional, estaba por terminar. Es honroso contar con un trabajo, pero sobretodo es una bendición cuando ante tantas condiciones adversas uno logra conseguir una oportunidad.

El 7 de fefrero, me presenté específicamente a la oficina que día a día había visitado, vi la silla ahí afuera, donde me senté tantos días para esperar al Director Académico para sólo darle los buenos días. Para mayor sorpresa, me ofrecieron el puesto de Orientadora Escolar, psicóloga!!! en el plantel Guadalupe Victoria del Colegio de Bachilleres de Baja California, un sitio que se encuentra situado en la zona rural, el Valle de Mexicali, a 45 minutos en autobús de la ciudad, pero no me importaba en ese momento, no tenía idea de lo duro que sería ir y venir a diario, en autobuses que partían cada hora haciendo ruta por los ejidos del Valle, no imaginaba lo que eso significaría en los veranos tan adversos, y el tiempo que invertiría en traslados para llegar a la central de autobuses o puntos de salida y llegada. Lo único que me importaba es que me habían dado la oportunidad de contar con un trabajo como psicóloga. Ahí en ese Plantel del Cobach, trabajé por los siguientes 4 años, de febrero de 1984 a febrero de 1988.

Por supuesto que investigué cómo fue que decidieron llamarme a mí, sabiendo que había lista de espera para la entrevista definitiva; Una psicóloga que ocupaba el cargo, solicitó permiso, con la desición de no regresar, acudieron al banco de recursos humanos donde se encontraba mi solicitud. Era urgente cubrir el puesto, ya que el inicio del ciclo escolar ya estaba en marcha.

Aprendizaje:

«Cuando más oscuro está, significa que está amaneciendo»