Colegio de Bachilleres de Baja California, plantel Guadalupe Victoria, Valle de Mexicali, B. C. 1984-1988
A principios de febrero del 1984, firmé mi contrato laboral, como Orientadora Escolar (Psicóloga Educativa), en un plantel del colegio de Bachilleres de la zona rural en el Valle de Mexicali, B. C.

Desde su fundación el plantel Guadalupe Victoria del Valle de Mexicali ha formado a más de 16 mil jóvenes en 57 generaciones.
Este plantel del Colegio de Bachilleres se ù)6yyknhhhthhifundó el 20 de octubre de 1963, por iniciativa de un grupo de jóvenes egresados de secundaria interesados en continuar con su educación media superior, motivados por el hecho de que el traslado a la ciudad de Mexicali resultaba muy complicado, fueron asesorados por docentes que finalmente lograron la creación de la preparatoria, misma que recibió el nombre de la localidad donde se fundó, Esta preparatoria se constituyó perteneciente a la Universidad Autónoma del Estado de Baja California y se instituyó como la primera preparatoria rural en Latinoamérica.
En 1984, año en que inicié mi trabajo en este plantel, el COBACH ya se había independizado de la UABC. Significativamente yo inicié mis funciones como Psicóloga con alumnos de la primera generación del Cobach.

Instalaciones rurales.

Yo con apenas 23 años
Mi labor como orientadora escolar en el Cobach, significó muchos retos y aprendizajes para mí, fue la primera vez que trabajaba con jóvenes adolescentes, lo cual por defecto, no fue sencillo, se trtaba de chicos inquietos y yo les impartía clases de orientación, con temáticas relacionadas con aspectos motivacionales, hábitos de estudio, administración del tiempo, relaciones humanas, orientación vocacional, parte de mis funciones también consistían en atender a todo estudiante con dificultades para estudiar y/o aprender y con problemas personales, familiares, etc., que incidían en su rendimiento académico; entre otras funciones, me coordinaba con los profesores que identificaban y canaliazaban a orientación, a aquellos estudiantes que a su criterio resultaban problemáticos. Y por suspuesto atendía a las necesidades que las autoridades me asignaban relacionadas con la disciplina en coordinación con prefectura.
Fundamentalmente fue una etapa de mi trayectoria profesional muy enriquecedora, de grandes aprendizajes, conocí gente extraordinaria y probé adversidades debido a la distancia entre Mexicali y el poblado “43”, el traslado durante 4 años fue algo complicado en los autobuses de ruta por el valle de Mexicali, tanto en tiempos muy fríos como aquellos de extremadas temperaturas en verano que invariablemente me fatigaban durante los recorridos.
Como olvidar las ocasiones en que no alcanzaba a llegar a la parada de autobús a tiempo y tenía que esperar una hora más, obviamente con sus consecuencias.
Y para colmo, cuando al regreso a casa, por fin entrábamos a Mexicali, al primer semáforo, se nos atravesaba el tren, insólita la manera tan precisa en que coincidíamos con el paso del tren burro, ese que va lento, muy lento porque es tren de carga. Era muy largo, fácil contábamos los cien vagones, y hay que agregar sus maniobras hacia adelante y hacia atrás, para cambiar de vías. Pueden imaginar los 47o.C de temperatura, sin aire acondicionado y con mucha hambre.
Y que hay de aquellas tantas veces que me quedé dormida en el trayecto y terminaba en el ejido Venustiano Carranza, km. 57, hasta donde llegaba el camión, entonces alarmada tenía que conseguir ayuda para regresar al Km. 43 a tiempo para firmar mi entrada. Hubo ocasiones en que en una patrulla, me regresaban muy gentilmente los policías, y mis alumnos me veían llegar en esas condiciones.
Más allá de mis funciones como psicóloga, por iniciativa propia decidí dedicar tiempo extra para conformar el primer grupo de danza folclórica del Plantel Guadalupe Victoria del Cobach, lo cual fue muy satisfactorio, pues tuve oportunidad de retomar mi formación como instructora de Arte, y contribuir sensibilizando a los jóvenes a romper con tabús, mitos y resistencias para guiarlos en el maravilloso mundo del arte sin prejuicios hacia la danza.
Dirigir y enseñar a este grupo de jóvenes el arte folclórico nos permitió presentar oficialmente al grupo de danza folclórica de Plantel Guadalupe Victoria del Cobach en las tradicionales y populares fiestas del Sol, en Mexicali, B, C.
Hoy a distancia de más de 40 años desde el aquel dia 7 de febrero de 1984, la preparatoria se ha desarrollado sustancialmente y los recuerdos de mi labor en aquellos años conviviendo con jóvenes bachilleres, los atesoro profesional y personalmente.


Aprendizaje
Aquí comprendí a cabalidad, mi función como Psicóloga en el ámbito educativo, ocupando el puesto de orientadora escolar y vocacional, un ámbito muy concurrido en aquella época por profesionales de otras disciplinas tales como educación o pedagogía, quienes llegaron a ocupar esos cargos debido a que , por aquel entonces, no había psicólogos en la región.
A esto le sumamos el nivel de desconocimiento y desconfianza que se tenía hacia la psicología y los psicólogos en general, lo cual reprentó un reto más, el hacer valer a nuestra profesión hasta ocupar un sitio digno y de respeto.
Quiero terminar este relato, declarando una particular situación que experimenté en vía directa, a causa de la condición de ser mujer. Se trata de algo que nunca expresé ni reclamé con Intención de evitar ulteriores conflictos, pero hoy a distancia de 42 años considero que vale la pena comentarlo.
El traslado al Valle de Mexicali, puede ser una divertida odisea, pero cuando de por medio, te enfrentas a descuentos del sueldo y reprimendas por llegar tarde, la tensión no te permite ver la situación tan divertida Y cuando al regreso, el cansancio, la hambre y el calor también te agobian, lo que menos vas a disfrutar son las acciones con burla por parte de algunos compañeros profesores, que gozaban del privilegio de trasladarse en auto en una condición definitivamente más cómoda.
Solía suceder que en tanto yo esperaba el camión, en plena carretera, mis compañeros unos cuatro, pasaban junto a mí, ya rumbo a Mexicali e incluso se detenían y me preguntaban si quería un raite, seguro mi cara se transformaba reflejando dicha por tan gentil gesto, para luego escuchar decir: es broma psicóloga, no podemos llevarla y arrancar su auto.
Nunca comprendí los motivos que tuvieron para hacer algo así, definitivamente para mí, fue reflejo de inmadurez y de actitudes machistas, más aún cuando me enteré de que yo tenía posibilidades de trasladarme con ellos, porque recibieron todas las semanas mis vales de gasolina, prestación a la que igual que ellos, yo tenía derecho.
Con todo y las condiciones adversas, trabajar en el Cobach fue una de tantas experiencias positivas que viví durante mi trayectoria profesional.
Además, debo decir que fue ahí, en mi oficina en ese plantel del Cobach, que me encontró mi compañero de vida.
