
1987-2017
Universidad Autónoma de Baja California.
Facultad de Ciencias Humanas.
Me inicié en el quehacer académico después de trabajar durante cuatro años como orientadora escolar en el plantel «Guadalupe Victoria» del Colegio de Bachilleres de Baja California.
En 1987 inicié mi trabajo en la Universidad Autónoma de Baja California, me integré a planta docente de asignatura en la Facultad de Ciencias Humanas y con tiempo parcial como coordinadora del psicopedagógico de la misma unidad de adscripción. Posteriormente me integré como personal de tiempo completo en la carrera de psicología.
Dedicarse a la actividad académica en una institución de educación superior, implica desempeñar las funciones sustantivas de docencia. investigación y divulgación, así como, realizar acciones de gestión administrativa y colegiada.
Docencia
Nunca imaginé que gran parte de mi vida profesional, la dedicaría al ejercicio de la docencia, lo cierto es, que a los 17 años de edad, inicié esta labor como instructora de Arte, en Guadalajara Jalisco. Mi bachillerato en arte y un año más de pedagogía aplicada a la educación artística fueron las bases de mis primeras experiencias en este ámbito. Trabajé como instructora de arte en música, teatro, artes plásticas y danza en los niveles de educación básica y media básica, toda vez que obtuve el grado de instructora en arte y la especialidad en danza por el Instituto Nacional de Bellas Artes y el entonces, Centro de mejoramiento y capacitación profesional. No obstante, a muy temprana edad descubrí mi pasión por la Psicologia, fue muy difícil decidir el camino a seguir profesionalmente, pues el Arte es parte de mi vida y bailar fue una experiencia maravillosa.
Una vez concluidos mis estudios de Psicología, los primeros pasos en mi trayectoria profesional, me llevaron también a la docencia, comencé en el nivel de bachillerato ya viviendo en Mexicali, B.C., esta labor la desempeñé en el plantel Guadalupe Victoria del Colegio de Bachilleres de Baja California, donde fungí además como orientadora escolar. En lo que se conoce como el Valle de Mexicali, la zona rural de la región.
En 1987 mis primeras asignaturas las impartí a nivel Licenciatura, fueron en la Carrera de Ciencias de la Educación, para luego integrarme a la planta docente de tiempo completo en Psicología.
Considero de gran valor la oportunidad que tuve de adquirir y compartir mi experiencia frente a grupos, al impartir asignaturas, cursos y talleres dirigidos a estudiantes de licenciatura y posgrado y al personal docente, directivo y administrativo en distintos programas de la Universidad.
Investigación
Incursioné en el ámbito de la investigación en la medida en que fui preparándome más a nivel pedagógico y profesional, cursé la especialidad en docencia, la maestría en educación y el doctorado en Ciencias de la educación, así como diplomados en investigación y algunos otros en campos específicos mi de interés; de esta manera, la investigación -que es una de mis principales pasiones- se convirtió en una actividad inherente a todo lo que representa mi quehacer profesional.
Obtuve el grado de Licenciada en Psicología, por la tesis titulada: «La integración social del joven adolescente con deficiencia mental leve y moderada» por la Universidad del Valle de Atemajac, en Guadalajara Jalisco. Investigación de tipo experimental que realicé con grupos piloto, de jóvenes que fueron expuestos a programas de capacitación para el trabajo, en Mexicali, B.C., Cabe señalar que esta investigación representó las bases de lo que en poco tiempo se convirtió en centros de capacitación para el trabajo para jóvenes con deficiencia mental (CECADE) que se instalaron en todos los estados del País, a través de la Dirección de Educación Especial de la Secretaria de Educación Pública. Antes de esta alternativa, sólo existía en la Ciudad de México, lo que se conoció como «talleres protegidos».
La acreditación de la Especialidad en docencia, la obtuve por el trabajo terminal de investigación aplicada, titulado: «El desarrollo de habilidades cognitivas en estudiantes universitarios. El caso de la UABC» un estudio que además dio como resultado el diseño de un programa institucional que tuve oportunidad de diseñar, aplicar y dar seguimiento, denominado: «Programa para el desarrollo de habilidades de inteligencia y formación de valores» en la UABC, dirigido al personal docente en todas las unidades académicas y las licenciaturas de la universidad en todo el estado de Baja California. Realizar esta investigación me llevó a incursionar en el ámbito del desarrollo de la inteligencia y por ende, a romper con paradigmas que sostienen la concepción evolutiva de la inteligencia, para convencerme que la inteligencia puede desarrollarse a lo largo de nuestra toda nuestra vida y no solo, pues sobre la marcha dirigí a grupos de docentes universitarios hacia el desafío colectivo de cambiar los métodos tradicionales de enseñanza-aprendizaje. Entonces se abrió ante mí un universo de experiencias que atesoré, cultivé y promoví, el resto de mi desempeño profesional en todos los ámbitos en que incidía: la docencia, la investigación, mi práctica clínica y mi vida personal. Y así tuve la oportunidad de emprender nuevos proyectos que definieron una importante tendencia en el ámbito del desarrollo humano, que puede reconocer como: «aprender a pensar», «enseñar a pensar» y «aprender a aprender».
El grado de Maestría en Educación, lo obtuve por la tesis titulada: «¿Por qué no cambian las cosas en la educación?. Un análisis crítico y sistémico de las prácticas pedagógicas universitarias». Investigación Cualitativa, que se acompañó de nuevos desafíos y me permitieron avanzar en la línea de trabajo que venía desarrollando, pero básicamente significó realizar un alto en el camino en un acto de reflexión sobre mi propio quehacer docente el que promovía entre mis colegas en la universidad; conocer la condiciones que prevalecen para adherirnos a prácticas tradicionales de enseñanza-aprendizaje, que resultaban ineficaces en los inicios del siglo XXI. Comprometida con la idea de promover el desarrollo de habilidades para aprender a aprender en nuestros estudiantes y convencida que la labor docente es un espacio natural para este hecho, decidí hacer un recuento de la experiencia compartida con compañeros docentes universitarios, desde principios de la decada de los noventas, decidí realizar un profundo análisis crítico y sistémico de las prácticas pedagógicas universitarias; cuando en un principio consideré limitar mi objeto de estudio al espacio áulico, mientras más avanzaba mi investigación, me vi envuelta en el devenir de hechos, factores y mecanismos que cristalizan lo tradicional de un modo contradictorio y a través de un sin fin de instancias que inciden en la cotidiana interacción profesor-alumno para mantener el status quo.
Mi tesis también se vio trastocada por un dolor indescriptible de mi vida personal, el fallecimiento inesperado del más pequeños de mis hermanos varones, con lo cual después de un periodo bloqueo causado por la perdida, escribir los resultados y las conclusiones se convirtió en mi refugio del que me negaba a desprenderme, hasta que prácticamente me vi sometida a la presión de mis lectores y de mi director de tesis por dar cierre a un proceso de análisis, que ya por sus propias características resultaba sistémicamente complicado pero prácticamente necesario.
La relevancia que para mí tuvo esta investigación, tiene dos vertientes: una de índole personal, porque aferrarme a este logro, fue una manera de honrar la memoria de mi hermano y otra de carácter profesional, porque logré realizar una extrapolación de los principios de mi práctica clínica sistémica como terapeuta, al ámbito de la educación. Un desafío intelectual sin precedentes. Mi investigación recibió «Mención Honorífica«, una distinción que no esperaba ni buscaba, pero que recibí con humildad y orgullo.
La investigación que realicé para obtener el grado de Doctorado en Ciencias de la Educación, me llevo por caminos nunca antes explorados, el principal reto que enfrenté, radicó en trascender a la mirada disciplinar y posesionarme de una perspectiva interdisciplinaria y fundamentalmente cultural. Mi inquietud investigativa apareció cuando estando en una reunión colegiada del personal que conformamos la academia de Psicología en la Facultad de Ciencias Humanas, se expuso el caso de un estudiante a quien deliberadamente, una profesora colega, le denominó «caso dramático«, escuche con atención los argumentos que expuso para solicitar que se le diera la oportunidad de cursar por tercera ocasión, una asignatura que había reprobado. Oportunidad, que cabe señalar no es admisible por normatividad. La forma como expuso el caso, verdaderamente lo hicieron ver como un estudiante en condiciones personales dramáticas. Tuve serias dificultades para formarme una propia postura ante la petición de esta profesora, ya que conocía su tendencia a favorecer a los «desfavorecidos», en mi opinión, por la propia necesidad de que otros le concedieran el privilegio de ser a quien le deberían un favor, y así ganar reconocimiento entre los estudiantes. Por otra parte, admito mi respeto hacia las normas, pero también mi tendencia a la flexibilidad cuando la situación lo amerita. Observé en silencio y con mucha atención las diversas intervenciones; y resultó ser una reunión académica más, muy típica entre psicólogos de la facultad, en la que hubo discusión, protagonismo, intereses personales y «políticos» y no académicos y jamás hubo un instante de reflexión, sobre nuestro compromiso como formadores de los futuros profesionales de la psicología. Se impuso el «sutil» poder del mando legítimamente expuesto con fundamento en normatividad.
En esa ocasión, me abstuve de opinar y por supuesto de votar, pues de pronto me encontré maravillosamente absorta en la dinámica de las intervenciones, y no solo, ya que justo en en ese contexto me interesé en estudiar los llamados: «casos dramáticos», que tenían la ventaja de eximir toda regla, sin dar muestra contundente de un esfuerzo genuino, aunque fallido, por superar la asignatura aún en condiciones adversas.
Fue así que recurrí a lo que entonces era sólo un término, que personalmente desconocía pero llamaba mi atención, y que se convirtió en el objeto de estudio de mi tesis doctoral: La resiliencia.
Al profundizar en el estudio de la resiliencia, no recurrí a la concepción ya bastante estudiada por la psicología, aquí definí uno de tantos desafíos que me impuse, el trascender al paradigma de mi disciplina para incursionar en la noción de resiliencia desde una mirada interdisciplinar; aprendí a reconocer las valiosas aportaciones de la antropología, de la cultura y del contexto social donde ocurren los hechos que sometemos al escrutinio, y descubrí el incalculable valor de la interdisciplinariedad y la riqueza de la transdisciplinariedad.
Fue un camino adverso, pero con mucho aprendizaje, pues aprender a mirar una realidad desde diversas perspectivas y conjugar los saberes de distintas disciplinas, implica un constante reconocimiento de las propias limitaciones y el vehemente deseo de superarlas. Etnografía de la resiliencia: una aproximación cultural, fue el título de mi tesis, que tuvo como unidad de observación y análisis, a las prácticas de los estudiantes universitarios que viven condiciones adversas y obtienen logro académico, a quienes definí como «resilientes» y la diferencia entre éstos y los estudiantes que desarrollan estrategias de sobrevivencia académica, los que obtienen logro sin mérito propio, y los que definitivamente son «no resilientes»
El jurado en la deposición de mi tesis de grado, se conformó por mis lectores de tesis y el director de la misma, señalo que todos ellos fueron escrutadores rigurosos durante el desarrollo de mi investigación y todos de diversas nacionalidades y disciplinas. El entonces Rector de la UABC sociólogo mexicano, una antropóloga alemana y otro español, y un sociólogo costarricense; lo cual implicó un mayor desafío al convivir con profesionales con perfiles internacionales y de disciplinas ajenas a la mía, con lo cual, fue mayor el compromiso y esfuerzo al que me sometí; pero también me enriqueció como investigadora al enfrentarme a la imperiosa necesidad de andar caminos no trillados, a desandar otros muy andados, y a construir otros jamás pensados.
Debo señalar que uno de los retos mayores, fue desarrollar una investigación cualitativa, con un sólido sustento de consistencia, validez y confiabilidad, de cara al paradigma científico dominante o de corte cuantitativo.
La investigación se convirtió en una de las funciones que mas disfruto, y ha llegado a trastocar, todo lo que emprendo, sea en mi labor profesional como en mi vida personal.
Sin duda alguna, investigar es lo mío.
Gestión
La actividad de gestión académica, comprende las acciones que sirven de apoyo para el mejor desempeño de las funciones sustantivas de docencia, investigación y difusión del conocimiento.
Mantengo la convicción de la importancia de las acciones de gestión, aunque yo insistiría en evitar que éstas abrumen al profesor-investigador, al grado de sobrepasar la capacidad en tiempo para ofrecer una labor de calidad, en docencia e investigación. Quizá se trata de un malestar genuino que mucho se ha puesto en discusión, y aún no se logra un mejor equilibrio; sin restar la importancia que esta labor reporta.
Es posible, que se trate de no convertir la gestión académica en mera gestión administrativa; pero no toca a los académicos resolver esta cuestión, puesto que compete a las autoridades valorar su pertinencia y adoptar la voluntad política para demostrar mayor sensibilidad a este malestar, que me atrevo a decir, es generalizado entre quienes nos dedicamos a la vida académica.
He tenido la oportunidad durante treinta años, de emprender diversas gestiones de apoyo, pretendí siempre hacer lo mejor, pero sobretodo me esforcé por convertir esta la labor en posibilidades de enriquecimiento en la formación de estudiantes universitarios. De esta manera obtuve grandes satisfacciones y logré sobrellevar de mejor manera la carga de índole administrativa que aunque necesaria, llega a agobiar y provoca fácilmente que se pierda de vista nuestra prioridad, que en esencia es la docencia y la generación y aplicación de conocimiento a través de la investigación.