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Los primeros pasos…

Atardecer de verano en Mexicali

Agotada por un viaje en tren de dos día y una noche, pero con la expectativa de conocer la ciudad, con la incerteza de conseguir un trabajo, ansiosa de conocer el lugar que me acogería, que por cierto en un inicio no fue Mexicali. Era la noche del 4 de septiembre 1983, por fin el tren se detuvo, me encontraría con mi amiga que amablemente me ofreció su hogar para dar los primeros pasos.

Para mi sorpresa, tuvimos que recorrer por carretera, de regreso en el camino que ya había recorrido en tren, ahora tenía que desandarlo rumbo a una localidad llamada «Delta» o «Estación Delta«; uno de los poblados más importantes del «Valle de Mexicali, que en en los inicios del siglo XX, fue una estación del tren.

Estaba muy cansada como para reconocer el sitio, deseaba dormir y olvidar al menos por unas horas, todo lo que había dejado atrás. Qué lejos estaba de descubrir que «nuestro pasado» jamás se olvida, nunca se deja atrás, nos acompaña el resto de nuestra existencia, porque se incorpora a lo que somos, a nuestra experiencia, a quienes somos, a la persona en que decidimos convertirnos. Y así ya estaba aquí, con los valores aprendidos en el seno de mi familia, con los recuerdos de mi historia en Guadalajara, con poca ropa, todos mis libros como único patrimonio y un millón de sueños por cumplir .

Al despertar, todo fue novedad, un mundo totalmente desconocido me esperaba por conocer, experimenté el ansía por conocer la ciudad que en ese momento fue mi primer camino por andar; pero nunca olvidaré ese primer despertar en Baja California, pues cuando sentí el impacto del calor en mi cuerpo quería subir al «Tren Bala«, para salir de aquí, porque ni toda la psicología aplicada resultaba suficiente para soportar un clima de 46 grados o más.

Era cuestión de tiempo, pues me consolaron con la esperanza y el presagio que en el imaginario colectivo, «el 15 de septiembre cambia el clima» y estaría lista para cumplir el plazo de cuatro meses, para salir de Mexicali. Con todo, no logré evitar la añoranza de mi ciudad, Guadalajara no tenia nada que ver con un lugar tan ajeno a mi como el poblado «Delta», un asentamiento que forma parte del «Valle de Mexicali», zona rural que se distingue por el cultivo del algodón, pero que para mí no tenía ningún significado. Estación Delta, en sus inicios perteneció a la «Colorado River Land Company», situada sobre la conocida «Falla de San Andrés», lugar donde la gente es sencilla, gentil y empática. Tuve la fortuna de ser acogida por una hermosa familia, que me hizo sentir parte y fui feliz.

Así, mis primeros pasos, me llevaron a andar entre el valle de Mexicali y sus poblados, los que recorrí en autobús la mayor parte del tiempo, algunas veces en «auto-stop» y otras acompañando en auto a quienes con gentileza se ofrecían a llevarme a Mexicali. Sí, a la ciudad donde tuve mi primer trabajo, gracias al apoyo de mi amiga, así fue como a una semana de haber llegado, ya estaba trabajando, en un centro piloto de capacitación para el trabajo para jóvenes con deficiencia mental. El mismo lugar en donde realicé mi investigación de tesis para obtener el grado de Licencia en Psicología.

Un sincero agradecimiento a todas las personas que me abrieron oportunidades y facilitaron mi camino cuando siendo tan joven llegué a llegué a la tierra del sol, a quince días de concluir mis estudios universitarios y a una semana de arribo a esta ciudad, yo di mis primeros pasos como Psicóloga, en este camino que es la vida.

Gracias Mexicali, por ser una ciudad cuyas condiciones geográficas, resultan en una adversa naturaleza a la cual debemos sobrevivir; pero la calidez de su gente hace posible resistir y permanecer. Es así como recuerdo aquellos tiempos cuando conocí esta ciudad. A más de treinta años de distancia mucho ha cambiado, pero la necesidad de sobrevivir a cada verano, permanece y no solo, sino se convierte en un desafío más difícil de vencer.