Enero de 1984, un mes muy difícil para mí, en Mexicali Baja California, el primer invierno que viví en esta tierra cachanilla donde el clima es extremo, y sin estar preparada para afrontarlo. Todo era desconocido o nuevo para mí, Me encontraba en una zona desértica. Ya había superado el primer cruel verano y no tenía idea de lo que era vivir tan bajas temperaturas.
Terminó mi contrato laboral interino, con lo cual ya no contaba con trabajo y había administrado mi misera economía, para lograr pagar la renta del pequeñisimo departamento que rentaba en el centro de la ciudad.
Debo confesar que pensé mucho en si debía compartir esta experiencia en mi blog, porque se trata de algo muy personal, pero al final he concluido que puede servir de incentivo para quienes lleguen a leerla tengan presente, que vale la pena luchar por nuestros anhelos, al menos desde mi perspectiva vale la pena no darse por vencido, probarnos a nosotros mismos, descubrir que tan claros tenemos nuestros propósitos de vida, experimentar la cara oscura de la existencia, sentir cuando todo parece estar en contra y no fluir, escuchar esa voz interna que nos dice, «ya no hay más que puedas hacer», «no era este el camino», «se acabó…», «debes desistir, dar marcha atrás y reconocer que no fuiste capaz de andar por caminos suntuosos aunque algunos te digan que es necesario andarlos, etc.
F. Nietzsche (filósofo, escritor, músico y filólogo alemán, escribió: «Todo lo que no te mata te hace más fuerte» ; es curioso cuanto resulta difícil creer en una sentencia tan alentadora y aterradora a la vez, sobretodo cuando se está pasando por momentos verdaderamente adversos.
Para comprender este pasaje de mi vida, es preciso partir de una promesa que me hice a mi misma cuando terminé mis estudios universitarios. Yo estudié y trabajé para pagar mis estudios de licenciatura en una universidad privada, porque no me resigné a tener que esperar quién sabe cuánto tiempo y qué cosa, para ser admitida en la universidad pública, pues mis estudios previos los realicé en instituciones federales y en en esa época en Jalisco la universidad pública solo permitía el ingreso a quienes hubiesen cursado en Instituciones del estado.
Quizá, pude esperar e intentar, pero no estuve dispuesta a perder tiempo. Evidentemente tuve que tomar decisiones de gran trascendencia para mi futuro; esta experiencia da cuenta de un rasgo de personalidad que me caracteriza, llamado ¨obstinación¨, en el peor de los casos ¨necedad¨ y en el mejor de los resultados, ¨perseverancia¨. Lo cierto es que hoy tengo muy claro que dicho rasgo de mi personalidad, es una arma de doble filo, puesto que, representa en ciertas circunstancias, mi mayor debilidad o defecto y en otras, la mejor de mis virtudes (pero esto lo descubrí haciendo camino al andar).
Para lograr obtener mi licenciatura en Psicología, trabajé como instructora de Arte Integral en instituciones educación básica, impartí clases de dibujo, danza y teatro; pero no resultó redituable para pagar mis estudios en una institución privada y tuve que trabajar como auxiliar en contabilidad en una empresa de refracciones disel en Guadalajara. Como dicen que el fin justifica los medios, es claro que a fin de convertirme en psicóloga, el medio fue trabajar principalmente como contadora, lo cual fui capaz de realizar eficientemente, gracias a que mi padre insistió en que yo curasara estudios técnicos en ese ámbito. Pero definitivamente, fue entonces que me prometí que al concluir mi carrera jamás volvería a trabajar en nada que no fuera como Psicóloga.
Gracias a Dios, tuve la oportunidad de llegar a Mexicali y de inmediato contar con un trabajo de psicóloga, pero sólo cubriendo un interinato por ingravidez que concluyó en diciembre de 1983. De ahí que el mes de enero de 1984 anduve un camino oscuro, lleno de incertidumbre, de reflexiones relativas a las decisiones que hasta ese momento de mi vida ya había tomado, no tenía trabajo, no tenía ingresos, no tenía alimentos y no tenía ropa de invierno. Y sobre todo me mantuve obstinada a en no trabajar en nada que no fuera como Psicóloga.
31 Enero de 1984 fue el plazo que tenía para encontrar trabajo, de lo contrario las cosas empeorarían porque entonces ya tampoco tendría como pagar la renta del departamento donde vivía. La idea de regresar a Guadalajara a casa de mis padres me atormentaba, simplemente era para mí, inconcebible.
Entonces, en estas circunstancias decidí que no quedaría por no luchar y hacer todo lo que de mi parte estaba para lograr mis metas. La prioridad fue conseguir un trabajo y aquí viene el desafío que nunca imaginé que enfrentaría.
La ciudad de Mexicali, en 1983 apenas contaba con 80 años de su fundación, mientras hacía un plan a seguir con el fin de conseguir trabajo como psicóloga, recurrí a registrarme ante profesiones para contar con el permiso para ejercer en el estado de Baja California, me fue asignado el número 150 entre el total de psicólogos con autorización oficial para ejercer en todo el estado.
En principio, el saber que a nivel estatal éramos muy pocos psicólogos, me resultó alentador, en comparación con lo que ocurría en Guadalajara en esa época, donde la competencia profesional cada vez aumentaba, pues cuatro universidades egresaban psicólogos cada seis meses en Jalisco.
Con optimismo me preparé con mi curriculum y documentos oficiales, hice varios juegos, enlisté los lugares a visitar para conseguir una entrevista de trabajo, y me ocupé de incluir todos los ámbitos posibles en dónde podría yo ejercer; clínico, educativo y organizacional. Identifiqué empresas e instituciones, las ubiqué geográficamente y comencé la gran hazaña de conseguir trabajo.
Comencé mi recorrido, con 23 años y quizá con la ingenua claridad de que no volvería a trabajar en nada que no fuera de psicóloga. Y obtuve varias entrevistas, en bancos, en empresas, en escuelas de todos los niveles educativos, en el sector salud, en instituciones públicas, etc. Sabía que no sería fácil y que era un camino que habría de andar como tantos otros que buscamos hacer valer nuestros esfuerzos y empeños para prepararnos profesionalmente, así que no dudé en principio, que tarde o temprano encontraría un trabajo como psicóloga; tenía un plazo, el mes de enero; no tenía dinero para trasladarme pero caminaba hasta donde tuviera que hacerlo. Tenía a mi favor que no era verano, pero el frío también es extremo y muy pronto caí enferma, sentía que enfermar era algo que no me podía permitir, fue un invierno duro, el primero que pasé en ese desierto, y caí con bronquitis, contaba con muy pocos conocidos y con demasiado orgullo como para pedir ayuda. Los días pasaban y no conseguía trabajo, el camino se oscurecía cada vez más y me sentía muy sola. La idea de tener que regresar a Guadalajara me atormentaba, sabía que mis padres me recibirían, pero yo había tomado la decisión de independizarme y no volvería sin terminar mi tesis y para ello tenía que resolver mis necesidades básicas y mantenerme económicamente porque el proceso de investigación para realizar la tesis, también implicaba gastos.
En medio de la oscuridad, un día reflexionando con tristez, de pronto descubrí que estaba cometiendo un grave error al solicitar trabajo, sobretodo cuando se trataba de empresas. Puesto que al conseguir una entrevista en recursos humanos, justamente quien me entrevistaba era la persona que ocupaba el puesto al que yo aspiraba.
Fue un tiempo de oscuridad, pero también de mucho aprendizaje; el Mexicali de principios de los ochenta, era un lugar muy incipiente en cuanto al conocimiento de lo que la Ciencia Psicológica podría aportar en los distintos ámbitos de acción. No éramos muchos los psicólogos en ejercicio; no obstante que existía la necesidad de contar con psicólogos, la mayor parte de quienes podrían contratarnos, desconocían lo que podría hacer un psicólogo en cada campo laboral.
En el ámbito organizacional, la función del psicólogo en el área de recursos humanos, la realizaba el gerente, auxiliares administrativos, secretarías, o el responsable principal de dicha área; así por ejemplo: el reclutamiento, la evaluación, la selección y capacitación del personal se llevaba a cabo de manera muy primitiva, y no por profesionales de la psicología. Y los gerentes o dueños de empresas, desconocían por completo las bondades y beneficios que obtendrían de contar entre su personal con un profesional psicólogo.
En el ámbito clínico ya existía una pequeña clínica psicológica privada ubicada en el centro cívico de la ciudad, no era común encontrar consultorios psicológicos, y por supuesto la cultura de la población respecto al recurrir a los servicios de un psicólogo, prevalecía la creencia de que solo era un servicio para personas enfermas mentalmente y no para quien tuviese dificultades emocionales. Vale mencionar que incluso el servicio de atención psiquiátrica pública, existía y aún así permanece sólo para atención de pacientes canalizados al Centro Psiquiátrico de la ciudad cuando presentaban crisis y solo internados en condiciones críticas sólo con el objetivo de estabilizados. Sin embargo, si existían bastantes consultorios privados de psiquiátras y neurólogos, que no respondían a las necesidades de atención psicológicas y de hacerlo, se limitaba a una atención farmacológica.
En el ámbito educativo, en principio, no existía ni una sola institución de educación superior que ofreciera la formación de psicólogos. Por tanto los ciento cincuenta psicólogos que habitamos en Mexicali al inicio de la década de los ochenta, éramos migrantes de otras ciudades del país sobretodo de la capital. Era de esperarse que me resultase tan difícil encontrar un trabajo, pues los pocos puestos para psicólogos ya estaban ocupados y el proceso de abrir plazas para otros psicólogos pintaba bastante desolador.
Cuando yo llegué a Mexicali, recientemente se había separado la educación preparatoria de la Universidad Autónoma de Baja California y se establecieron los Colegios de Bachilleres en todo el estado, en cada uno había un orientador escolar, pero lamentablemente en la mayoría de los casos este cargo no era ocupado por un psicólogo, sino por personas que habían estudiado pedagogía en psicología.
La situación laboral que pudiera ofrecer plazas para psicólogos en el ámbito educativo, presentaba otra complejidad. Existía la carrera impartida por la Universidad Autónoma de baja California (UABC) de Licenciados en pedagogía, y otra carrera de Licenciados en Pedagogía en psicología educativa; y en otra facultad se impartía la carrera de Ciencias de la Educación. Esto representó otro problema más para la contratación de Profesionales Psicólogos y se complicó más cuando tres años después, se inicia la carrera de Licenciatura en Psicología. Definir el ámbito de acción de los egresados de tales licenciaturas, fue motivo de cruentos debates que por muchos años y más aún cuando quienes egresaban se encontraban ante serias dificultades para encontrar plazas laborales. Pero eso es tema que habría de tratarse en un apartado especifico.
Volviendo al asunto del periodo de oscuridad en el que me encontraba, el tiempo límite de un mes para encontrar trabajo, se acortaba a mi parecer, demasiado pronto y entonces decidí escribir en una hoja que coloqué en la pared del espacio de suelo donde yo dormía, (vale decir que no contaba con una cama) dicho letrero, decía: «De mi parte no faltará este día al menos un esfuerzo por encontrar trabajo».
Escribí a mano, una pequeña descripción sobre lo que un psicólogo podría hacer en cada ámbito, sea laboral, clínico o educativo» Integré dicha descripción a mi curriculum y mi solicitud de trabajo. No tenía dinero, no tenía comida, y estaba enferma de un tremenda bronquitis, sin poder ni siquiera comprar medicamentos.
Una Señora muy amable, mamá de una excompañera de la universidad que vivía en Mexicali, hacía tamales para vender durante el invierno y gentilmente me permitió ayudarle un rato a diario untando la masa en las hojas del tamal y a cambio de eso me ofrecía algunos tamales para comer, Bendito sea Dios que me permitió conocer gente muy empática y generosa, personas cálidas que me ayudaron en momentos tan difíciles.
Una de las instancias en las que presenté mi solicitud de empleo y en donde inclusive fui entrevistada por uno de los primeros psicólogos que conocí en Mexicali, fue el Colegio de Bachilleres de Baja California, donde ya existía la figura laboral del «Orientador Escolar» un puesto que sin duda alguna es ideal para un psicólogo de profesión. Después de la entrevista que fue en el mes de enero, yo tendría que presentarme a otra entrevista con el director académico general del Cobach, misma que me fue programada para el mes de mayo, para mí resultaba imposible esperar hasta entonces, necesitaba trabajar para poder pagar la renta del pequeño sitio donde vivía en Mexicali. Así que decidí presentarme todos los días antes de las 9:00 horas, lo cual implicaba irme muy temprano porque lo hacia caminando, para llegar y sentarme en una silla que se encontraba ubicada afuera de la oficina del Director que me entrevistaría en mayo, mi idea quizá ingenua o absurda era quedarme sentada ahí justo por donde el entraría a su oficina todos los días y solo darle el saludo de buenos días, para que él tuviera presente mi rostro, cuando llegara el momento o la oportunidad de entrevistarme.
Lo hice por todos los días que restaron al mes de enero, y el plazo se cumplía y yo no estaba dispuesta a trabajar en nada que no fuera de psicóloga, no buscaría trabajo de secretaria, contadora o en arte, tenía que ejercer mi carrera, yo me había hecho esa promesa a mí misma.
Terminó el mes de enero y nada, aún podía habitar ese lugar durante el mes de febrero, y quizá si encontraba trabajo, podría negociar con el dueño, el pago de la renta, pero mi ánimo ya estaba gastado, experimenté una profunda tristeza. No quería regresar a Guadalajara en esa condición, y además no contaba ni siquiera para un pasaje de regreso.
Hoy mirando en retrospectiva, estoy convencida que ese tiempo de oscuridad en mi vida, me dejó grandes aprendizajes, que gané en madurez, conocí el real estado en el que la psicología se encontraba en la región, gané en resistencia, me fortalecí en perseverancia, reafirmé la confianza en mí misma para guiar mi vida por buenos caminos, conocí a gente muy valiosa, aprendí del dolor, y también de la desesperación.
Terminó el mes de enero y no tenía ni la menor idea de lo que yo haría para poder quedarme en Mexicali, al menos el tiempo suficiente para terminar mi tesis. Nunca hablé con mi familia acerca de esto, yo había tomado la decisión de dejar Guadalajara con tal decisión, también la de valerme por mí misma, no lo hice además, porque no les daría motivos de preocupaciones, y porque quizá dentro de mí jamás murió la esperanza de que algo encontraría; pero también puse en duda mi obstinación, mi proceder tan aferrado, a no trabajar de otra cosa que no fuera mi profesión de psicóloga. Había tanto campo de trabajo en este lugar, como tanto desconocimiento de lo que los psicólogos podríamos aportar. No se disponían plazas para nosotros por ignorancia o falta de recursos financieros para pagar a profesionistas cuando sus necesidades ya las habían resuelto con la asignación de nuestras funciones a personal a quien no tenían que pagarle al nivel de cualificación profesional.
No contaba con teléfono de casa y en esa época no existían los teléfonos celulares pero, “a veces, la vida nos sorprende” y sorpresivamente la tarde del 6 de febrero de 1984 sin ni siquiera entender qué de tanto y de todo lo que había hecho para encontrar trabajo había funcionado pues se presentó a la puerta de mi casa un miembro auxiliar del Colegio de Bachilleres para notificarme que debía presentarme de inmediato en las oficinas respectivas, porque había una plaza que querían ofrecerme.
Eureka!! al parecer esta fase de oscuridad en mi trayectoria profesional, estaba por terminar. Es honroso contar con un trabajo, pero sobretodo es una bendición cuando ante tantas condiciones adversas uno logra conseguir una oportunidad.
El 7 de fefrero, me presenté específicamente a la oficina que día a día había visitado, vi la silla ahí afuera, donde me senté tantos días para esperar al Director Académico para sólo darle los buenos días. Para mayor sorpresa, me ofrecieron el puesto de Orientadora Escolar, psicóloga!!! en el plantel Guadalupe Victoria del Colegio de Bachilleres de Baja California, un sitio que se encuentra situado en la zona rural, el Valle de Mexicali, a 45 minutos en autobús de la ciudad, pero no me importaba en ese momento, no tenía idea de lo duro que sería ir y venir a diario, en autobuses que partían cada hora haciendo ruta por los ejidos del Valle, no imaginaba lo que eso significaría en los veranos tan adversos, y el tiempo que invertiría en traslados para llegar a la central de autobuses o puntos de salida y llegada. Lo único que me importaba es que me habían dado la oportunidad de contar con un trabajo como psicóloga. Ahí en ese Plantel del Cobach, trabajé por los siguientes 4 años, de febrero de 1984 a febrero de 1988.
Por supuesto que investigué cómo fue que decidieron llamarme a mí, sabiendo que había lista de espera para la entrevista definitiva; Una psicóloga que ocupaba el cargo, solicitó permiso, con la desición de no regresar, acudieron al banco de recursos humanos donde se encontraba mi solicitud. Era urgente cubrir el puesto, ya que el inicio del ciclo escolar ya estaba en marcha.
Aprendizaje:
«Cuando más oscuro está, significa que está amaneciendo»